Europa
Podran encontrar informacion de los diversos ecosistemas que conforman los continentes en sus diversas areas,
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Norte
En el norte, el paisaje se vuelve casi místico. Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia están envueltos por un clima frío que, lejos de apagar la vida, crea ecosistemas muy particulares. Los bosques boreales —coníferas rectas, abedules plateados y suelos tapizados de musgo— se extienden por kilómetros sin interrupción. Los renos deambulan en manadas, y los zorros árticos se mimetizan con la nieve que domina los inviernos eternos.
La presencia humana se concentra en ciudades pequeñas pero modernas como Oslo o Helsinki, que parecieran convivir respetuosamente con los fiordos, montes y tundras que las rodean. Islandia, con sus paisajes volcánicos casi lunáticos, ofrece uno de los pocos lugares del mundo donde el hombre aún parece un visitante, no un residente.
Sur
El sur europeo es un contraste total: calor, luz intensa, suelos secos y vegetación adaptada a vivir con muy poca lluvia. Aquí reina el clima mediterráneo, con terrenos donde los olivares, los viñedos y los bosques de encinas se mezclan con ciudades antiguas asentadas desde hace milenios.
En Italia, España o Grecia, la mano humana ha esculpido el paisaje durante siglos, pero aún sobreviven reservas como Doñana, los Apeninos o los montes Pindo, donde jabalíes, linces y aves rapaces sobrevuelan valles rocosos y montes perfumados por el romero y el tomillo. El Mediterráneo es un ecosistema social y natural al mismo tiempo: cada pueblo costero cuenta una historia, pero cada cabo, bosque y acantilado guarda otra contada por el viento y el mar.
Este
Hacia el este, la naturaleza se vuelve más extensa y menos intervenida. Las estepas ucranianas y los bosques mixtos de Bielorrusia y Rusia occidental parecen no terminar nunca. El clima es templado continental, con estaciones muy marcadas que transforman el paisaje: inviernos blancos y silenciosos, primaveras explosivas, veranos verdes, otoños dorados.
Aquí se refugian lobos, linces, osos pardos y una gran variedad de aves migratorias que aprovechan los humedales estacionales. Las ciudades existen, claro —Kiev, Minsk—, pero fuera de ellas aún se respira una sensación de inmensidad.
Oeste
El oeste es el corazón urbano de Europa: París, Berlín, Bruselas, Ámsterdam. Aun así, entre cada ciudad aparecen bosques antiguos, ríos lentos y paisajes agrícolas que mantienen cierta armonía ecológica.
El clima templado húmedo nutre bosques de robles, hayas y abedules, donde ciervos y jabalíes se abren camino al amanecer. Aunque la presencia humana es fuerte, muchos países cuidan celosamente sus reservas naturales, dejando corredores verdes que conectan hábitats entre áreas densamente pobladas.
Centro
Los Alpes y regiones alpinas dominan el centro europeo. Aquí el aire es fresco incluso en verano, los valles son verdes y los picos nevados parecen vigilar el paisaje.
La flora se adapta según la altitud: coníferas abajo, praderas floridas a media altura, rocas desnudas arriba. Íbices, marmotas y águilas sobrevuelan las pendientes, ajenos al paso del tiempo. Ciudades como Zúrich o Múnich existen como pequeñas islas urbanas dentro de un mar de montañas y bosques que aún conservan una sensación de intocabilidad.